«Harás, pues, un keruv (querubín) en un extremo, y un keruv en el otro extremo; de una pieza con el kaporet (cubierta; propiciatorio) harás los keruvim (querubines) en sus dos extremos». (Éxodo 25:19)
Dentro del arca donde se encontraban los keruvim, se hallaba la Palabra del Eterno en las tablas de piedra, la cual puede conectarse e identificarse con Yeshúa (véase Juan 1:1: la Palabra hecha carne), quien se hallaba igualmente en medio de dos ángeles, cuando resucitó de entre los muertos.
«Y vio a dos ángeles con vestiduras blancas, que estaban sentados el uno a la cabecera, y el otro a los pies, donde el cuerpo de Yeshúa había sido puesto». (Jn 20:12)
El arca y kaporet (tapa; propiciatorio) fue también el lugar de la sangre expiatoria anual (Lv 16), es decir, el punto de encuentro entre muerte, juicio y misericordia. Visualmente, el lugar donde reposó el cuerpo de Yeshúa se convirtió en el Propiciatorio real. El diseño que Dios le dio a Moshé /Moisés era el "plano" de lo que ocurriría en esa tumba. La tumba vacía no es solo un lugar de resurrección, es el Lugar Santísimo donde la sangre del sacrificio de Yeshúa finalmente "cubrió/expió" (kafár) el pecado de la humanidad.



