El Culto al Río — Parashát Shemót
El trasfondo espiritual del decreto del Faraón contra los hijos de Israel.
Dio el Faraón a todo su pueblo esta orden: “Todo niño que naciere (a los hebreos) lo echaréis al río; mas a toda niña dejaréis con vida.”
En Egipto cae muy poca lluvia. La agricultura depende completamente del Nilo, cuyo desbordamiento llena una red de canales de riego. Por lo tanto, los antiguos egipcios deificaron al Nilo, considerándolo como la fuente última de sustento y el dador supremo de vida.
Esta es la trascendencia espiritual que subyace al edicto del Faraón de ahogar a los niños hebreos en el Nilo. El Faraón sabía que si la siguiente generación de hebreos era sumergida en el Nilo de Egipto —si eran criados para considerar a los proveedores naturales de sustento como dioses y eran sumergidos en la cultura egipcia— la fe de Avraham sería aniquilada. El mensaje del Dios Único —Creador y fuente de todas las cosas—, que tanto amenazaba la oligarquía pagana del Faraón, quedaría silenciado para siempre.
Se puede decir que la adoración al Nilo es tan prevalente hoy como lo fue en los días de los Faraones. El «Nilo» de hoy puede ser un título universitario, una carrera, un trabajo, el estatus social; cualquier cosa que sea venerada como proveedora de sustento y vida. Estas son herramientas de sustento, así como el Nilo es un instrumento del sustento de Dios para aquellos que habitan a lo largo de sus riberas. Pero cuando el vehículo se confunde con la fuente —cuando una persona ahoga todo su ser en el «Nilo», invirtiendo sus mejores energías en la perfección del instrumento en lugar de cultivar su relación con Aquel que lo sostiene todo— eso es idolatría.1
El pueblo de Israel sobrevivió al galut (exilio) egipcio porque hubo padres hebreos que se negaron a cumplir con el decreto del Faraón de sumergir a sus hijos en su río. Si queremos sobrevivir al galut actual, nosotros también debemos resistir los dictados de los «Faraones» actuales. Debemos establecer el desarrollo espiritual y moral según los principios de la Torá tanto la propia como la de nuestros hijos —en lugar de su futura capacidad de generar ingresos o el prestigio de una carrera— como el objetivo primordial de su educación.
Nota al pie de página:
Allí radica también el significado de la segunda parte del decreto del Faraón: “...y a toda niña haréis vivir”. El Faraón no dice que a las niñas se les deba permitir vivir, sino que se las hará vivir; es decir, que sean adoctrinadas en los valores de vida y la cultura de Egipto. Los niños debían ser ahogados físicamente en el Nilo. Las niñas también debían ser sumergidas en el Nilo, para ser criadas en este culto al río, con sus almas ahogadas en una vida que deifica el vehículo terrenal del sustento material.



