El Principio de Havdalá (la distinción entre lo sagrado y lo ordinario)
Comentario sobre la Parashát Shminí (Levítico 9:1-11:47).

En la Parashát Shminí (Levítico 9:1-11:47), en la narrativa de la muerte de Nadav y Avihú (cap. 10), quienes presentaron “fuego extraño” no mandado por el Eterno, el eje central del capítulo (v. 10) presenta una característica esencial que deben de poseer los sacerdotes: “Para que podáis discernir entre lo santo y lo profano”.
El contexto inmediato de esta narrativa sugiere que Nadav y Avihú pudieron haber consumido vino. En la narrativa de la Torá, cuando una historia se interrumpe para dar un mandamiento específico, ese mandamiento suele ser el comentario explicativo de lo que acaba de suceder. Así, bajo este efecto, Nadav y Avihú perdieron la noción de la procedencia del fuego. En lugar de tomar las brasas del altar (fuego divino), usaron fuego común (“extraño”), tratando lo sagrado como algo ordinario. No obstante, la Torá es muy específica al afirmar que en el desierto los israelitas carecían de vino y sidra (Deuteronomio 29:6: “No habéis comido pan, ni bebisteis vino ni sidra”). Esto nos lleva a considerar una interpretación más allá del sentido literal (peshat).
Mi interpretación es la siguiente: el pecado de Nadav y Avihú se dio debido a la embriaguez de la euforia, que aquí en la Torá, se compara con la embriaguez con el vino. Dado que el Tabernáculo se acababa de inaugurar y el fuego de Dios acababa de descender (Lv 9:24), existía un estado de adrenalina espiritual. Esta “embriaguez emocional” produce el mismo efecto que el alcohol: anula el juicio y nubla el discernimiento. En su éxtasis emocional, estos dos sacerdotes quisieron “añadir” su propio fuego al fuego de Dios, confundiendo su emoción sin control con el mandato divino.
El desorden en el culto, a menudo justificado por la “euforia”, el éxtasis o el sentimiento, es identificado en Levítico 10 como una forma de fuego extraño. El texto nos enseña que el verdadero servicio a Dios no requiere de mentes alteradas, sino de mentes sobrias capaces de discernir. En el servicio y el culto, solo se está autorizado hacer aquello que Dios ha ordenado. Y no se puede hacer todo lo que Dios no ha prohibido. La Havdalá (la capacidad de distinguir) muchas veces queda anulada por la euforia emocional de las personas, haciendo de este sentimiento lo sagrado del servicio y el culto. Sin embargo, el fuego del Eterno en Levítico 10:2 consumió a quienes respondieron a esa euforia sin Havdalá (distinción). El discernimiento es la capacidad de separar nuestras emociones del mandato divino, sin él, corremos el riesgo de quemarnos con el mismo fuego que estamos llamados a custodiar.
Por todo esto, el sacerdote tiene una función importante:
“Distinguir (havdil = havdalá) entre lo sagrado y lo profano, y entre lo impuro y lo puro, y enseñar a los hijos de Israel todos los preceptos que Adonái les ha dado por medio de Moshé” (Levítico 10:10-11).


