La tradición latina sitúa el lugar conocido como “El Sermón del Monte” en Kurun Hattin, una colina a 15 km de Tell Hum, entre Cafarnaúm y el monte Tabor. Su forma de silla de montar permite conciliar “subió al monte” de Mt con “bajó con ellos y se detuvo en un lugar llano” de Lc 6:17. Sus dos cuernos embellecen la escena, ya que el cuerno representa a los reyes (Dn 7:24; 8:20-22; Lc 1:69; Ap 17:12), qéren (קֶרֶן) en hebreo, donde proviene el español corona y el inglés crown. Aquí se presenta el Rey ante su pueblo con las buenas nuevas del Reino. El mensaje está dirigido a sus discípulos (Lc 6:20).
El tratamiento que el Evangelio de Mateo confiere al sermón le otorga una prominencia significativamente mayor que la observada en el Evangelio de Lucas. Este último sitúa dicho sermón en una posición narrativa menos central: inmediatamente después de la elección de los Doce emisarios (apóstoles), Yeshúa desciende, se detiene “en un lugar llano”, efectúa curaciones y posteriormente se dirige a sus discípulos (Lc 6:17–20).
En contraste, Mateo no solo posiciona el sermón como el primer acto de relevancia de Yeshúa, sino que también le confiere una significación especial al situarlo “en el monte”. La utilización del artículo definido en Mateo 5:1, así como en Mateo 28:16, requiere una consideración hermenéutica seria. Si bien Mateo no enfatiza explícitamente una tipología con Moshé (Moisés) —considerando a Yeshúa superior a Moisés—, parece subyacer la intención de que los lectores interpreten el Sermón del Monte como la exégesis definitiva de la Torá, análoga a la revelación entregada a Moisés en el Sinaí.
La solemnidad del discurso de Mt se refuerza mediante la fórmula introductoria: Yeshúa se sienta, los discípulos se le acercan, y él “abriendo su boca, les enseñaba”. De esta manera, Mateo sugiere sutilmente que el Sermón del Monte funciona como una declaración sobre la identidad y autoridad de Yeshúa. Su propósito no es únicamente instruir a los discípulos sobre la conducta ética, sino también resaltar la identidad trascendente de Yeshúa, no como “uno de los profetas” (Mt 16:14), sino como el Mesías. La escena evoca una entronización real: Yeshúa se sienta como un rey en su trono, sus discípulos se le acercan como súbditos en una corte real, y el rey pronuncia su discurso inaugural, en el que detalla cómo será la vida en su reino.
Por esta razón, propongo que la referencia al “monte” en Mateo 5:1 podría evocar el monte Tzion (Sion), sede davídica, en lugar del Sinaí, a la luz de lo que dice el Salmo 2:6: “Pero yo he puesto mi rey sobre Tzion (Sion), mi santo monte”. Resulta crucial, en cualquier caso, reconocer que Mateo no caracteriza a Yeshúa como un nuevo legislador que anula la Torá de Moshé (Moisés) para reemplazarla con otro código legal. Como se evidencia en las antítesis de Mateo 5:21–48, Yeshúa no abroga la Torá, sino que la “cumple” (πληρῶσαι - plērōsai), proveyendo su interpretación autoritativa y definitiva.



