En la Torá en general y en la Torá Escrita en particular, cada palabra y cada letra están sopesadas y medidas, y no hay ni un sólo carácter demás. Se aprenden gran cantidad de Halajot (leyes) de tan sólo letras. Sin embargo, en las Parshot de Vaiaqhel Pequdéi encontramos textos enteros que parecen estar de más: En estas secciones la Torá nos repite los detalles de la construcción del Santuario, luego de haber sido ya enumerados todos ellos en las Parashot anteriores de Terumá y Tetzavé. Si la intención de la Torá era contar que el trabajo se hizo exactamente de acuerdo a la orden de Dios, alcanzaba con solo decir que los israelitas erigieron el Mishkán/Tabernáculo de acuerdo a la indicación Divina.
PARECIDO EXTERIOR SOLAMENTE
Lo mismo sucede en Parashat Nasó, cuando la Torá nos relata sobre la inauguración del Santuario. Los doce jefes de las tribus trajeron todos ofrendas idénticas. Sin embargo la Torá las describe doce veces consecutivas con los mismos detalles. La respuesta a esto es, que las ofrendas eran iguales sólo exteriormente. En lo que hacía a su contenido y las intenciones de los ofrendantes cada una era única y tenía sentido propio. Por eso la Torá no podía escribir que trajeron la misma ofrenda, ya que íntimamente eran diferentes.
DOS SANTUARIOS
De la misma forma podemos explicar la repetición de los detalles de la construcción del Mishkán en esta Parashá: El Santuario que el Altísimo ordenó levantar, es totalmente distinto al que los israelitas levantaron en la práctica. Sólo en su descripción parecía el mismo, pero intrínsecamente su esencia era distinta. La Torá versa: “este es el recuento del Mishkán (Tabernáculo), el Mishkán del Testimonio”. Nombra el término “Mishkán” dos veces. Esto sugiere la existencia de dos Santuarios: uno espiritual y uno material. El primero de ellos era el Santuario espiritual que Adonái le mostró a Moshé en el Monte Sinaí. Y aunque ciertamente se habla allí de oro, plata y madera, de acuerdo a cómo Dios se lo ordena a Moshé, y cómo Moshé escucha lo ordenado, y ve cómo son las cosas, lo primordial allí era lo espiritual. En cambio, en las Parashot Vaiaqhel–Pequdéi se habla de un Santuario físico propiamente dicho, el que construyeron los israelitas en la práctica, en este mundo terrenal, con los elementos concretos que donó el Pueblo de Israel.
EL OBJETIVO ES AQUÍ.
A pesar de que el Mishkán/Tabernáculo que le mostró Dios a Moshé en el Monte Sinaí era sin dudas superior al realizado por los israelitas en el mundo material, la Presencia Divina se hallaba fundamentalmente en el segundo. Como dice la Torá: “Y concluyó Moshé la labor” e inmediatamente después, “Y cubrió la Nube el Ohel Moed (Tienda de Reunión), y la Gloria de Adonái llenó el Mishkán (Tabernáculo)” — A través del Santuario material específicamente, se cumplió la Voluntad de Dios. De aquí podemos tomar una enseñanza significativa. A veces menospreciamos nuestro potencial espiritual y el valor de nuestros actos. Uno puede pensar: “¿Quién soy yo para causarle placer al Eterno?”. Nos enseña, entonces la Torá que por el contrario: justamente porque nos encontramos en este mundo terrenal, tan bajo y con sus limitaciones, es en estas condiciones que Dios desea que cumplamos Sus preceptos. A través de ello somos nosotros, con nuestros actos, los que concretamos el objetivo y deseo Divino de: “hacer para Él una morada en el mundo inferior”.
Véase Likutei Sijot, tomo 1 Pág. 195.



