«En el Principio»: ¿Cuándo o Dónde?
Nota exegética sobre Génesis 1:1 y su recepción de los Emisarios
I. El problema gramatical
El texto masorético de Génesis 1:1 abre con una palabra que ha dividido a los intérpretes desde la antigüedad: בְּרֵאשִׁית (be-reshit). La dificultad central es que el texto carece de artículo: no dice בָּרֵאשִׁית (ba-reshit, «en el principio» determinado), sino בְּרֵאשִׁית, sin artículo. Rashí, Ibn Ezrá y Rambán arguyeron que esto exige leer la palabra en estado constructo —«en el principio de [la creación de Dios]»—, lo que convierte el versículo en una cláusula subordinada sin verbo principal propio. Esta lectura, aunque erudita, introduce una elipsis considerable y ha sido debatida sin resolución definitiva.
Existe, sin embargo, una posibilidad gramatical igualmente legítima: que בְּרֵאשִׁית funcione como sustantivo abstracto en estado absoluto con preposición, donde la ausencia de artículo no indica construcción sino la naturaleza cuasi-propia del término. Así ocurre con שָׁמַיִם (shamáim: cielos) y אָרֶץ (éretz: tierra) en el mismo versículo: sustantivos que aparecen sin artículo porque su referente es único y conocido. Si רֵאשִׁית (bereshit) es tratado como un nombre propio funcional —el Principio—, entonces la preposición בְּ indica ámbito u esfera: «dentro de lo que es llamado el Principio, Dios creó los cielos y la tierra».
II. Una lectura ontológica, no solo temporal
Esta lectura —que podemos llamar ontológica o locativa— no sitúa el acto creador en un punto de la línea del tiempo, sino dentro de un ámbito que lo precede y lo sostiene. El «Principio» no es un cuándo sino un dónde: una realidad en la que la creación tiene lugar, de la que emerge, que la funda. La pregunta que responde el versículo no sería entonces «¿cuándo creó Dios?», sino «¿en qué marco, en qué fundamento, dentro de qué realidad originaria actuó Dios al crear?».
Esta comprensión no carece de precedentes. El Targúm Neofiti y el Targúm Yerushalmí traducen בְּרֵאשִׁית como בְּחכְמְתָא, «en/con la Sabiduría». Esta sustitución es ya una interpretación ontológica: el Principio no es un momento cronológico sino la Sabiduría divina como ámbito y medio de la creación. La misma identificación late en Proverbios 8:22, donde la Sabiduría se describe como רֵאשִׁית דַּרְכּוֹ, «Principio de su camino». El Midrash Bereshit Rabá (1:1) abre con precisamente esta conexión: la Torá, identificada con la Sabiduría, fue el instrumento mediante el cual Dios creó el mundo. El בְּ de בְּרֵאשִׁית señala así hacia algo anterior y mayor que el tiempo: una realidad en la que el acto creador se inscribe.
III. El testimonio de Jn 1:1 y la tradición de los Emisarios
El prólogo de Jn 1 retoma deliberadamente las palabras de apertura de la Torá: בְּרֵאשִׁית הָיָה הַדָּבָר. La sintaxis es idéntica a Génesis 1:1, y la elección no puede ser accidental. Pero aquí el «Principio» no puede leerse como un punto inicial en el tiempo, pues el Davar —el Logos— ya era en él: existía dentro de ese ámbito. Yojanán /Jn está leyendo Génesis exactamente en el sentido ontológico que aquí se propone: el Principio es una esfera de existencia, un dominio fundante, no meramente el primer instante del tiempo lineal. Dios creó los cielos y la tierra en ese Principio, y el Davar —el Logos— habitaba en él desde antes de la creación.
La lectura rabínica medieval posterior que rechazó esta comprensión tiene, además de motivos filológicos, una dimensión apologética: enfatizar el estado constructo sirve para evitar que בְּרֵאשִׁית se convierta en referencia a una hipóstasis divina mediadora —la lectura propia de los círculos judeo-mesiánicos y de algunos maestros del Segundo Templo—. El rechazo, pues, es parcialmente polémico y no invalida la solidez gramatical de la lectura alternativa.
IV. Shaul y el Mashíaj como Principio
Shaul de Tarso desarrolla esta misma lectura en forma de midrash mesiánico sostenido. No especula en categorías filosóficas griegas, sino que interpreta Génesis 1:1 a la luz de Proverbios 8 y lo aplica al Mashíaj como la Sabiduría personificada. El término ἀρχή (arjé) —equivalente griego de רֵאשִׁית— aparece en sus escritos como título mesiánico deliberado, no como descripción cronológica.
Colosenses 1:15–18 — el texto más explícito
«Él es la imagen del Elohím invisible, el primogénito de toda creación... Él es la cabeza del cuerpo, la congregación. Él es el Principio (ἀρχή / רֵאשִׁית), el primogénito de entre los muertos.» Aquí Shaul usa ἀρχή como título mesiánico doble: el Mashíaj es reshit de la creación original y reshit de la nueva creación. El término no indica un momento primero sino el fundamento ontológico de dos órdenes de existencia. La conexión con Proverbios 8:22 es transparente: la Sabiduría es רֵאשִׁית דַּרְכּוֹ, y Shaul identifica al Mashíaj con esa Sabiduría creadora.
Colosenses 1:17 — una afirmación más densa
«Él es antes de todas las cosas, y en él todas las cosas subsisten (συνέστηκεν).» El verbo synésteken significa «tienen su consistencia», «se mantienen unidas en su ser». No es lenguaje de origen temporal sino de sustentación ontológica continua. El Mashíaj no es solo el punto inicial de la creación: es aquello en lo cual la creación sigue existiendo en cada momento. Esto glosa con precisión el בְּ de בְּרֵאשִׁית leído como ámbito: todas las cosas fueron hechas en el Principio y en él continúan.
Efesios 1:4 y 3:9–11 — anterioridad al tiempo
«Nos escogió en él antes de la fundación del mundo... el misterio escondido desde los siglos en Elohím, quien creó todas las cosas por medio de Yeshúa el Mashíaj.» La frase πρὸ καταβολῆς κόσμου ubica al Mashíaj como fundamento previo a la creación misma —exactamente lo que la lectura ontológica de בְּרֵאשִׁית afirma—. El Principio no está dentro del tiempo; lo precede y lo contiene.
IV. Conclusión
La lectura propuesta es no solo gramaticalmente posible sino filológicamente respaldada y teológicamente coherente con la tradición más antigua del texto. בְּרֵאשִׁית (Bereshit) puede leerse como un nombre funcional: el Principio, en tanto ámbito ontológico, fundamento de todo lo que existe. Génesis 1:1 afirmaría entonces que los cielos, la tierra y todo lo creado fueron hechos dentro de ese Principio —no en un momento que ya pasó, sino en la Realidad originaria que lo sostiene todo—. Esta comprensión conecta con la tradición targúmica de la Sabiduría creadora, con el midrash rabínico sobre la Torá como instrumento de creación, y con la relectura la Besorá de Yojanán (Evangelio de Jn) que identifica el Davár/Logos con ese Principio eterno. Lejos de ser una lectura forzada, es posiblemente la más profunda que el texto hebreo original admite.



