“¿Es lícito sanar en Shabát?” Mt 12:9-14 (Mc 3:1-6; Lc 6:6-11).
La cuestión de si es un deber hacer el bien en Shabat.
b). Segunda “Cuestión del Shabát” a Causa de Curar la Mano de un Hombre: Mt 12:9-14 (Mc 3:1-6; Lc 6:6-11).
9 Pasando de allí, vino a su sinagoga, 10 donde había un hombre que tenía seca una mano. Y le preguntaron para poder acusarle: ¿Es lícito curar en Shabát? 11 Él les dijo: ¿Quién de vosotros, teniendo una oveja, si cae en un pozo en día de Shabát no la coge y la saca? 12 Pues ¡cuánto más vale un hombre que una oveja! Lícito es, por tanto, hacer bien en Shabát. 13 Entonces dijo a aquel hombre: Extiende tu mano; y la extendió sana como la otra. 14 Los fariseos, saliendo, se reunieron en consejo contra Él para ver cómo perderle.
“¿Es lícito sanar en Shabát?”
Lc ubica el episodio en otro Shabát, mientras que Mt lo enlaza con el mismo día en que Yeshúa pasó por los sembrados con sus discípulos y luego entró en la sinagoga. Allí había fariseos, quienes aprovecharon la presencia de un hombre con la mano paralizada para preguntarle si era lícito sanar en Shabát. En Mc y Lc, Yeshúa responde con una pregunta: “¿Es lícito en Shabát hacer bien o hacer mal, salvar una vida o matarla?”. Según la halajá rabínica (Yomá 8:6; t. Shab. 15.1; b. Shab. 128b), solo se permitía tratar a un enfermo en peligro de muerte; fuera de ello, la curación debía esperar. En este caso no había riesgo vital, por lo que los fariseos buscaban tenderle una trampa, no un debate genuino. Su intención era acusarlo, apelando a textos como Éx 31:14 (“quien profane el Shabát morirá”; cf. Sifre sobre Nm 15:33). Pero Yeshúa, al poner en evidencia la hipocresía de su planteamiento, frustra su propósito y revela que el Shabát está al servicio de la vida y del bien.
Yeshúa responde con una contrarréplica práctica: «¿Quién de vosotros, si una oveja cae en un hoyo en Shabát, no la sacará?» (Mt 12:11) — es decir, ¿no sacaría la oveja que cayó en el hoyo y quedó allí encorvada, poniéndola en pie?. Esta contrapregunta ofrece un caso de argumentación legal (un maasé = ejemplo práctico), reconocido por el Talmud (b. Shab 128; bB. Mes 32b), y concluye con un argumento qal vajómer: si es lícito rescatar a una oveja, ¡cuánto más hacer el bien a un hombre!. La argumentación de Yeshúa es: Si un hombre tiene una oveja que cae en un hoyo o cisterna vacía en Shabát, se considera lícito que su dueño la saque según las interpretaciones existentes de la perspectiva rabínica (t. Shab 15.1; b. Shab 128b), incluso en Shabát. Yeshúa concluye: “Un hombre vale más que una oveja; por lo tanto, es lícito hacer el bien en Shabát” (Mt). Yeshúa da por descontado que, de presentarse el caso, cualquiera haría esto. Por tanto, es lícito en los Shabatot hacer lo correcto» (καλῶς ποιεῖν, “obrar rectamente”), no simplemente “hacer el bien” (εὐποιεῖν), como en otros pasajes, sino actuar conforme a lo debido. De este modo el sanar (θεραπεύειν) se coloca en la categoría del deber y hacer lo justo, y queda desenmascarada la incongruencia moral de la pregunta del v. 10. Así queda asegurada la conclusión de Yeshúa frente a toda objeción, y se elimina la cuestión de si la sanidad podía haberse pospuesto. La correcta comprensión de καλῶς ποιεῖν se confirma por la pregunta paralela en Mc 3:4 y Lc 6:9: «¿Es lícito en Shabat hacer el bien o hacer el mal (ἀγαθοποιῆσαι ἢ κακοποιῆσαι)?». Dicho esto, su acción no contradice la Torá escrita, que nunca prohíbe sanar en Shabát, especialmente si lo único que implica es pedirle a un hombre que extienda su mano, sino los “preceptos rabínicos” que añadían restricciones. Tampoco pide al sanado que infrinja el mandamiento (cf. Jn 5:8–10). Sin embargo, sigue siendo pertinente preguntar por qué Yeshúa no adoptó una vía conciliadora y esperó un día (cf. Lc 13:14). ¿Por qué no sanar al hombre cuando todos lo habrían aplaudido? No basta decir que era un itinerante que se iría al día siguiente. Hay demasiadas historias de controversia sobre sanidades en Shabát como para atribuirlas a mera casualidad: fueron resultado de una acción intencional. Yeshúa evidentemente buscó oportunidades para mostrar cómo la casuística de la halajá oral podía contradecir las exigencias del amor. La conclusión que Yeshúa extrae ahora ilustra Mt 12.7: la “misericordia” tiene precedencia sobre el “sacrificio”, por eso es un deber hacer bien en el día de Shabát. Por tanto, usando la terminología rabínica, los “mandamientos entre el hombre y su prójimo” tienen prioridad sobre los “mandamientos entre el hombre y Dios” (cf. m. Yoma 8.9). Nótese que en m. Yomá 8.6 se permite tratar un dolor de garganta en Shabát según al menos un rabino.
A veces se propone erróneamente que la muerte de Yeshúa fue el resultado directo de su oposición a la observancia del Shabat. Esto es sumamente improbable. No existe la más mínima evidencia de que Yeshúa enseñara a sus seguidores a tratar el Shabat como cualquier otro día de la semana. Por lo que podemos discernir, el Shabat continuó siendo observado por los creyentes judíos y, durante un tiempo, también por muchos creyentes gentiles (aunque probablemente con menor rigor). Existía gran diversidad entre los judíos en lo referente a los detalles más precisos de la Torá del Shabat, y, hasta donde sabemos, ningún otro maestro fue perseguido por expresar una opinión divergente sobre cuestiones tan relativamente menores como las planteadas en estos dos relatos. Los miembros de Qumrán habrían denunciado la actitud más flexible de Yeshúa, pero su oposición habría sido verbal, no física. A pesar de la hostilidad homicida atribuida aquí a los fariseos, ellos no desempeñan ningún papel en la conspiración que conduce a la ejecución de Yeshúa (Mt 26:3). En cualquier caso, es evidente que Mateo no considera que Yeshúa haya desatendido el Cuarto Mandamiento. A la exhortación de Marcos relativa a la huida escatológica, «Orad para que no suceda en invierno» (Mc 13:18), Mateo añade «ni en Shabat» (Mt 24:20). Mateo está convencido de que Yeshúa no vino para abolir la Torá, sino para cumplirla (Mt 5:17), y entiende que esto significa que Yeshúa explica en qué consiste la verdadera obediencia a la Torá. El Shabat no es revocado, pero su observancia debe, en ocasiones, ceder ante un principio superior.
La mano del hombre fue restaurada, y al actuar de esta manera, Yeshúa indicaba que Dios aprobaba la doctrina, y al legislar directamente sobre el Shabát, se situaba en la misma esfera de esta institución. ¿Quién más podría alterar o interpretar el Shabát sino Dios mismo? «El Hijo del hombre es Dueño del Shabát», una expresión con la que la Comunidad primitiva proclama la divinidad de Yeshúa.
Yeshúa no ha hecho nada que viole el Shabát. Que los fariseos pensaran lo contrario no se declara explícitamente, pero se da a entender: estaban lo suficientemente alterados como para comenzar a planear su muerte. Tuvieron consejo contra Yeshúa para destruirle fariseos y escribas. Estos “se enfurecieron” y “discutían entre sí qué deberían hacer con Yeshúa” (Lc). Para ello tomaron contactos insistentes con los “herodianos” (Mc) para “perderle,” hacerle morir. Buscaban el apoyo de estos últimos en la región del tetrarca Herodes Antipas, acaso para poder unirse a él y llevarle a Jerusalén, restaurando la unidad nacional. Por su parte, los herodianos se prestaban de buena gana a hacer desaparecer a aquel Mesías que tan honda conmoción despertaba y que tantos seguidores tenía, pues temían que pudiese impedir su restauración herodiana. La omisión de este tema en Mt-Lc podría deberse a que en la época de la composición de estos evangelios ya no se recordaba este partido desaparecido, ya que Agripa I falleció en el 44. Si Mc lo conserva, posiblemente se deba a las fuentes que lo incluyeron y él optó por retener.
A comienzos del siglo XX, cuando el “Shabat” puritano conservaba muchas de las restricciones propias del Shabat de los adversarios de Yeshúa, estos pasajes desempeñaron un papel importante al contribuir a liberar el Shabát de ser un día de «actividad congelada». Lamentablemente, el péndulo se ha desplazado hacia el extremo opuesto, y el domingo se ha convertido para muchos en un día de reposo. Es un error identificar el domingo como «el Shabat», y no existe ningún beneficio tanto comunitario como individual en preservar la tradición de que el domingo sea un día especial, honrado no sólo mediante el culto congregacional, sino también mediante actividades familiares y mediante interrupciones deliberadas de la rutina laboral (una larga caminata, una visita a un asilo, invitar a una persona solitaria o a un estudiante extranjero a una buena comida). En una sociedad cada vez más secularizada y gregoromanizada, los creyentes discípulos de Yeshúa deben de regresear a la senda antigua (Jr 6:16) y buscar la manera de santificar el verdadero día de Shabát.



