En el relato de Bereshit (Génesis), tras la transgresión de la primera pareja, el Eterno pronuncia una sentencia dirigida a la serpiente que va más allá del simple castigo (peshat) y se adentra en una revelación encubierta (sod) sobre la redención futura:
«וְאֵיבָה אָשִׁית בֵּינְךָ וּבֵין הָאִשָּׁה וּבֵין זַרְעֲךָ וּבֵין זַרְעָהּ:
הוּא יְשׁוּפְךָ רֹאשׁ, וְאַתָּה תְּשׁוּפֶנּוּ עָקֵב»«Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y su descendencia; él te aplastará la cabeza, y tú le herirás en su talón» (Bereshit 3:15)
Esta declaración establece un conflicto cósmico, implantado por voluntad divina. Es una promesa escondida entre palabras de juicio: el mal no prevalecerá, y un descendiente de la mujer lo vencerá. Pero, ¿quién es el protagonista que llevará a cabo la victoria final?
1. Un Vencedor Singular: La “Simiente” es “Él”
El texto especifica que la batalla será entre la simiente de la serpiente y la “simiente” (זֶרַע, zera) de la mujer. Aunque zera puede ser un colectivo, el texto hebreo elimina toda ambigüedad al definir al vencedor con un pronombre masculino singular:
«הוּא יְשׁוּפְךָ רֹאשׁ» – «Él te herirá en la cabeza».
El uso de הוּא (hu, “él”) es determinante. Si se refiriera a una descendencia colectiva, se esperaría el pronombre plural hem (הֵם), no hu (הוּא). No dice “ellos”, sino “Él”, apuntando a un individuo singular. Esta singularidad se confirma en la segunda parte de la frase: “tú le herirás en su talón” (עֲקֵבוֹ, aqevó). El sufijo en עָקֵב (aqév, “talón”) es también singular: «tú lo herirás en su talón». Refiriéndose al talón de ese mismo hu הוּא, “Él”, no a los talones de una descendencia colectiva. Todo apunta a una figura individual que surge de la mujer y será quien derrote al adversario.
La palabra הוּא (hu) es el pronombre personal de tercera persona masculino singular en hebreo. No admite lectura colectiva. Si el texto hubiera querido señalar a una descendencia como conjunto, habría escrito הֵם (hem, «ellos»), que es el pronombre plural. El texto no lo hace.
Esto no es eiségesis cristiana posterior. Es gramática hebrea básica. Ramban (Najmánides), en su comentario a este versículo, escribe:
«Y el asunto de “el te herirá en la cabeza” es que vendrá de ella [de la mujer] un hombre que herirá a la serpiente... y esto es lo que el versículo dice con הוּא, en singular».
Incluso Rashí, cuya lectura del texto es más concisa, no niega la singularidad del pronombre. La tradición exegética judía reconoce que הוּא remite a un individuo.
2. ¿Quién es este “hu” que vence a la serpiente?
El texto no solo habla de un hu (él), sino que le atribuye una acción definitiva: aplastar la cabeza de la serpiente. Esa imagen –herir la cabeza– es símbolo de victoria absoluta sobre el mal. En Tehilim / Salmos 110:6, texto tradicionalmente aplicado al Mashíaj, leemos:
«מָחַץ רֹאשׁ עַל־אֶרֶץ רַבָּה» – «Herirá la cabeza sobre gran tierra».
Asimismo, el profeta Javakuk 3:13:
«מָחַצְתָּ רֹאשׁ מִבֵּית רָשָׁע» – «Aplastaste la cabeza de la casa del impío».
Kimjí, entre otros, interpreta esto como una acción futura del Mashíaj contra el mal encarnado.
Este pronombre, הוּא (hu, “él”), es aún más significativo. En pasajes como el Salmo 102:27 (אַתָּה־הוּא, atá hu — “Tú eres Él”), se utiliza como un apelativo para el Eterno mismo. El Zohar (I, 36b) también relaciona a hu con el Santo, bendito sea, quien aplasta la cabeza de la serpiente. Se nos presenta, pues, a un Redentor que no solo es singular, sino que actúa con una autoridad de resonancia divina.
3. Evidencia Rabínica
Esta misión de “aplastar la cabeza” del mal es una tarea inequívocamente del Mashíaj, reflejada en el Tanáj (Salmo 110:6, Habacuc 3:13). Pero, de manera aún más explícita, diversas fuentes rabínicas identifican a este vencedor como el Mashíaj. La Pesiqta Rabati (3:6) relata una escena asombrosa:
«A petición suya, Dios le mostró al Satán al Mashíaj; y cuando lo vio, tembló, cayó sobre su rostro y exclamó: “Verdaderamente este es el Mashíaj, que me aplastará la cabeza”».
Asimismo, los antiguos Targumím (traducciones arameas) vieron aquí una alusión al Mashíaj.
Tárgum Yonatán: «En los días del Rey Meshiaj habrá curación para el talón».
Tárgum Yerushalmí dice lo mismo.
Incluso Onquelos, en su estilo sobrio, parafrasea el conflicto como uno que culmina al final, lo cual puede leerse como una referencia a los tiempos de la redención — gueulá.
4. ¿Cuándo lo herirá? La Victoria a Través de la Herida
Habiendo identificado a este הוּא (hu, “él”), la profecía revela el método de su victoria. La estructura del hebreo permite leer las dos acciones como un evento simultáneo: Él te herirá la cabeza mientras tú le hieras el talón.
Texto hebreo:
וְהוּא יְשׁוּפְךָ רֹאשׁ וְאַתָּה תְּשׁוּפֶנּוּ עָקֵב
Transliteración: Ve-hú yeshufjá rosh, ve-atá teshufénu akev.
Aunque el hebreo no usa explícitamente una conjunción temporal como כִּי (ki = porque/cuando), אוֹ (o = o), ni בְּעֵת (beet = en el tiempo de), la forma Vav consecutiva (וְ־) con un verbo imperfecto —como en וְאַתָּה תְּשׁוּפֶנּוּ— puede expresar acciones paralelas o secuenciales, lo cual abre la posibilidad a una traducción más dinámica como:
«Él te herirá en la cabeza mientras tú le hieres en el talón.»
«Él te herirá en la cabeza cuando tú le hieras en el talón.»
En contextos de poesía hebrea y paralelismo (como en los Salmos), se acepta que dos verbos unidos por Vav (וְ־) pueden expresar acciones simultáneas, consecutivas o incluso condicionales. Esto transmite la idea de conflicto simultáneo, donde el Mashíaj vence a haSatan, aunque sufre en el proceso —lo cual concuerda perfectamente con el mensaje acerca del Mashíaj del pasaje. Y es que es lo más lógico: la mordida del adversario —cuyo veneno representa la muerte— es respondida en el mismo acto por la victoria sobre su cabeza, es decir, sobre su autoridad y poder. De esta manera, la muerte que sufre este הוּא (hu, “él”) no es una derrota, sino el medio mismo por el cual vence al mal.
5. Conclusión: la redención desde el Edén
Desde esta primera palabra de juicio, el Eterno dejó entrever su plan de redención. La profecía, por su gramática hebrea, apunta a un Él singular. Este Redentor vencería al adversario precisamente a través de una herida mortal. El perfil es claro: un descendiente único de la mujer que, con resonancia divina, triunfaría a través de su propio sufrimiento. Este retrato, presente en el Tanáj y reconocido en la tradición judía, encuentra su cumplimiento más pleno en la persona de Yeshúa, quien nació de mujer, fue herido en el talón hasta la muerte, y por ese mismo acto, aplastó la cabeza de la serpiente antigua, asegurando la redención.



