El versículo exacto es:
לֹא-יוֹעִילוּ אוֹצְרוֹת רֶשַׁע, וּצְדָקָה תַּצִּיל מִמָּוֶת
“Los tesoros de la maldad no aprovechan, pero la tzedaqá libra de la muerte” (Mishlé/ Proverbios 10:2)
El Talmud (Bava Batra 10a) toma en serio este texto. La tzedaqá/caridad altera decretos celestiales en contra de los seres humanos, porque pone al ser humano en sintonía con el atributo divino de rajamim / misericordia. Cuando una persona hace tzedaqá/caridad, para eliminar el dolor y la carencia de otro ser humano, pone en manifiesto el atributo divino de rajamim / misericordia. Este acto se inscribe dentro de una dinámica recíproca, en la que la acción humana no solo refleja este atributo, sino que también activa una respuesta divina en correspondencia con ella. La tradición judía tiene un nombre técnico para esto:
מִדָּה כְּנֶגֶד מִדָּה
Midá kenegued midá — “medida contra medida”
Pero no se trata de una reciprocidad meramente mecánica, sino algo más esencial: el ser humano ha sido creado a imagen de Dios (betzélem Elohim), y cuando actúa conforme a los atributos divinos: como la misericordia, la justicia y la generosidad, se alinea ontológicamente con la Fuente de la que proceden estos atributos, y esa misma Fuente responde de la misma manera, en correspondencia, a quien ha ejercido la tzedaqá/caridad. Yeshúa lo expresa en estos términos: «con la medida con que midáis se os medirá» (Mt 7:2).
Esto no significa que la tzedaqá /caridad sea un “pago” por la misericordia recibida. El rescate y el perdón proceden de la sangre de Yeshúa el Mashíaj, y no de una compensación por obras humanas. Sin embargo, así como Él enseñó que el perdón que recibimos está ligado al perdón que otorgamos a quienes nos ofenden, del mismo modo la misericordia de Dios hacia nosotros se manifiesta en la medida en que mostramos misericordia hacia los demás. Dios acepta tratar nuestra deuda infinita con la misma vara con que nosotros tratamos deudas finitas.
Y aquí Yeshua presenta este principio en la quinta petición del Avinu/Padre Nuestro:
וּסְלַח לָנוּ אֶת חוֹבוֹתֵינוּ כַּאֲשֶׁר אַף אֲנַחְנוּ סָלַחְנוּ לְחַיָּבִים לָנוּ
“Perdónanos nuestras deudas así como nosotros perdonamos a nuestros deudores.”
El kaasher: “así como”, es la conexión. No dice “porque perdonamos” sino “de la misma manera que perdonamos.” Por consiguiente, aplicado al principio de la tzedaqá/caridad, expresión del atributo divino de rajamím/misericordia, si actuamos con misericordia hacia los demás, el Misericordioso obrará con misericordia hacia nosotros.



