Los magos de Mt 2 proceden del Oriente, de donde era también el mago Bilám, “de los montes del Oriente” (Nm 23:7). A Bilám “del oriente”, se le conocía como mago o adivino.1 La ubicación geográfica del “Oriente”, se refiere a Mesopotamia, descrita en Génesis 29:1 como la tierra de los hijos del oriente (cf. Gn 22:5).
El Oriente tenía una notoriedad, infamante por sus magos y adivinos (véase Isaías 2:6). Los babilonios o caldeos habían desarrollado un gran interés en la astronomía y la astrología. Además, después del exilio de Babilonia en el siglo VI a.C., una gran colonia de judíos permaneció allí. Así, estos magos, proceden del Oriente, específicamente de Babilonia.
Es mi opinión, contrario a una creencia popular, que estos sabios no eran gentiles, sino judíos. Tras la destrucción del Primer Templo (586 a.C.), muchos judíos permanecieron en Babilonia y establecieron academias de estudio que florecieron durante siglos. En el siglo I, la comunidad judía más numerosa del mundo se encontraba todavía en Babilonia, no en Judea:
“La mayoría de los judíos viven más allá del Éufrates”.
— Josefo, Antigüedades judías 15.2.2
La región de Babilonia, bajo dominio del Imperio Parto, no sufrió la devastación de Roma como ocurrió en Judea durante las guerras del siglo I. Esto hizo posible que la comunidad judía en esa región prosperara y se fortaleciera. Se estima que hasta un millón de judíos vivían en la región babilónica para el siglo I d.C., aunque las cifras exactas varían. Esta Comunidad Judía en Babilonia era la más grande e influyente, con un profundo compromiso con el estudio de las Escrituras; fue allí donde, siglos más tarde, se originó el monumental Talmud Bavli2, una obra que demuestra la profundidad y vitalidad del estudio y vigor intelectual de los sabios y rabinos del pueblo de Israel en esta región.
El término magos ocurre con más frecuencia en el Tanáj3 en la descripción que Daniel hace de la corte de Babilonia. El término “magos” aplicado a estos sabios judíos tiene raíces en las academias fundadas por el profeta Daniel, quien, al ser nombrado jefe de los sabios en Babilonia, recibió el título de “Rav haJartumim (רַב־חַרְטֻמַּיָּא): “el Rav de los magos”. Daniel, el judío, el mayor intérprete de Babilonia, llega a convertirse en el “jefe” (ἄρχοντα; árjonta) de los “encantadores, magos (μάγων; mágon), caldeos y hechiceros” según Dn 5:11 en la versión de la LXX.4 El término original que en ocasiones se traduce como “mago” es Rav-Mag (רַב־מָג), cuya traducción precisa es “Maestro de los Magos” (Jer 39:3). Los alumnos y discípulos formados en dichas escuelas eran llamados “magos”, no por prácticas esotéricas, sino por su sabiduría y formación en las Escrituras.
Se rechaza que los Magos fueran astrólogos gentiles porque la Torá prohíbe la astrología (Dt 18:10-12), lo que lo hace improbable. Mateo desea que el lector reconozca esta conexión. Además, su relato sugiere un midrash implícito: el vínculo con Bilám, otro sabio del Oriente, específicamente: “de los montes del Oriente” (Nm 23:7), quien profetizó la venida del Rey de Israel mediante la aparición de una estrella (Nm 24:17). Según la interpretación judía tradicional, esta estrella que surge del Oriente anuncia el nacimiento del Rey Mashíaj [Mesías]. Así, el Midrash Agadat Mashíaj (Bet ha-Midrash III:141–143), al comentar la profecía de Bilám en Nm 24:17, lo expresa así:
“Esta es la estrella del Mashíaj [Mesías]; y morará en el oriente”.
Y en el Testamento de los Doce se presenta un a idea similar:
“Su estrella se alzará en el cielo como la de un rey”.
Otro midrash relata que magos vieron una estrella anunciando el nacimiento de Avraham:
“Una estrella del oriente consumió otras cuatro, y los magos dijeron a Nimrod que un hijo de Téraj fundaría una nación que heredaría el mundo”.
— Séfer haIashar 8; Maasé Avraham 43
Esta tradición guarda paralelismo con los magos del Oriente que anunciaron el nacimiento de Ieshúa.
Históricamente, los teólogos cristianos han sostenido equivocadamente que el término “magos” se utilizaba para designar a los sacerdotes y sabios entre los medopersas y los babilonios. Se suponía que estas personas eran expertas en aquel conocimiento secreto que, en la más remota antigüedad, tuvo su centro en Egipto y, posteriormente, en Caldea, razón por la cual a menudo eran llamados caldeos. Por consiguiente, la mayor parte de los estudios académicos cristianos sostiene que los magos eran gentiles y de origen pagano. Sin embargo, las investigaciones bíblicas recientes pueden demostrar que los magos no eran gentiles ni astrólogos, sino que, en realidad, eran sabios judíos procedentes de la región de Babilonia, que estaban vinculados con el profeta Daniel, alrededor del año 500 a. C., quien, durante la diáspora, aguardaba el momento del retorno y la restauración de Israel por medio de la aparición del Mesías.
La acusación de que el hecho de que Dios revelara su mensaje a “magos gentiles” constituye una manifestación de antisemitismo, refutada por el hecho de que los sabios de oriente eran, en realidad, sabios judíos de Babilonia que aguardaban la llegada del Mesías Rey de los Judíos.
Josué 13,22; b. Sanedrín 106ª; Filón, Vida de Moisés 1.264.
Talmud de Babilonia.
Tanáj: Torá, Neviím (Profetas), Ketuvím (Escritos), es toda la biblia Hebrea, conocida popularmente en el Cristianismo como Antiguo Testamento.
LXX: La Septuaginta, la versión griega de la Biblia Hebrea (Tanáj).




