Parashát Vaieshév: La Revelación del Nacimiento de Péretz y Zéraj
Una lectura que perfila la figura del Mashíaj en el nacimiento de los gemelos Péretz y Zéra
La narrativa establece que Zéraj salió primero, se ató un hilo escarlata a su mano, e inmediatamente se ocultó. Tras él salió Péretz, y fue después de su nacimiento que regresó y nació aquel que llevaba el hilo escarlata en su mano. En esta narrativa, Zéraj representa al Mashíaj (Mesías), mientras que Péretz simboliza al Espíritu del Mashíaj. Así como Zéraj salió brevemente, se le ató el hilo escarlata, se ocultó, y luego se reveló de nuevo; de igual manera, el Mashíaj vino, cargó con los pecados de la humanidad, simbolizados por el hilo escarlata, se ocultó, y retornará prontamente en nuestros días. Por su parte, Péretz, cuya aparición se da en el lapso de tiempo entre el ocultamiento y la segunda manifestación de Zéraj, simboliza la llegada del Rúaj HaQódesh (Espíritu de Santidad). Este Espíritu se manifestó y fue enviado precisamente en el período intermedio entre el ocultamiento y la inminente segunda revelación de Marán Yeshúa el Mashíaj—Mesías.
El primer gemelo comenzó por sacar su mano del vientre materno para luego ocultarla nuevamente, señal de que su identidad no sería revelada por completo en ese instante. De igual manera, el Mashíaj vino sin manifestarse de forma abierta y completa —mostrando, por así decirlo, solo «la mano» y no «el rostro»— con el propósito de que aquellos destinados a ser hijos se acerquen a él mediante la fe.
Cuando la mano apareció, la partera le ató un hilo de color escarlata. En esta alegoría, la partera representa al mundo que recibe al Mashíaj, y el hilo escarlata simboliza el pecado del mundo transferido a él. Este acto alude a la primera revelación del Mashíaj en este mundo, momento en el cual él cargó con los pecados de la humanidad en el madero.
Así como el hilo fue atado a su mano por la partera, el peso de nuestras faltas recayó sobre él, tal como está escrito:
“Él fue traspasado por nuestras transgresiones, molido por nuestros pecados. El precio de nuestra paz cayó sobre él, y por su herida fuimos sanados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino, pero Adonái cargó en él el pecado de todos nosotros”. — Séfer Ieshaiáhu/ Isaías 53:5-6
Tras la primera revelación y el posterior ocultamiento de la mano del primer gemelo, su hermano Péretz emerge por completo del vientre materno. Este suceso simboliza que, después de la primera manifestación y partida del Mashíaj, su presencia retornaría a este mundo a través del Rúaj HaQódesh (Espíritu de Santidad), tal como queda registrado en Hechos de los Emisarios (cap. ii).
Posteriormente, el hermano que había revelado y ocultado su mano, aquella a la que se ató el hilo escarlata, sale por segunda vez del vientre de su madre, pero ahora de forma completa. Esta segunda aparición pertenece a la siguiente interpretación: el Mashíaj, luego de su partida asciende para sentarse a la mano derecha (Sal 110:1), retornará al mundo, se revelará por completo y reinará en él por siempre.
¿Y cuál será la señal que permitirá reconocer que aquel que regresa es el mismo que ya había venido? El hilo escarlata: las marcas de su padecimiento en el madero, cuando cargó con el pecado de toda la humanidad. Que su retorno sea pronto, en nuestros días y en los días de toda la Casa de Israel, prontamente y en tiempo cercano. Amén.



