El pasaje de la Torá que inicia la narrativa de la historia de Ioséf plantea una intrigante cuestión genealógica. Al leer Bereshit (Génesis) 37:2, el texto comienza diciendo:
“Estas son las generaciones de Iaacov: Ioséf siendo de diecisiete años...” (Gn 37:2)
La expectativa lógica al referirse a las “generaciones de Iaacov” sería que el texto nombrara primero a Reuven, el primogénito, seguido por el resto de los hijos. ¿Por qué el texto de la Torá nombra a Ioséf en su lugar? La respuesta para entender esta anomalía y el prominente papel de Ioséf se encuentra en dos aspectos principales: la transferencia de la primogenitura y el profundo amor de Iaacov por él.
I. La Primogenitura Transferida a Ioséf
El amor de Iaacov (Israel) por Ioséf es evidente desde el inicio de la parashá/porción: “Y amaba Israel a Ioséf más que a todos sus hijos...” (Gn 37:3). Este afecto se fundamenta en varias razones, siendo la más significativa la transferencia de los derechos de primogenitura.
A. La Razón del Traslado: La Transgresión de Reuven
Reuven, el hijo mayor de Iaacov y Lea, perdió sus derechos de primogenitura debido a una transgresión narrada en Gn 35:22: “Y sucedió que, mientras Israel habitaba en aquella tierra, fue Reuven y profanó el lecho de su padre Bilha...”
Según la tradición judía, los Targumim, el Séfer HaYashar, y varios comentarios rabínicos, la transgresión de Reuven no fue un acto sexual con Bilha (la concubina de Iaacov), sino un acto de ira y protesta.
Según el Séfer HaYashar (36:13):
“Reuven estaba celoso por su madre Lea a causa de esto, y fue lleno de ira, y se levantó en su ira y entró en la tienda de Bilja, y removió el lecho de su padre.”
Este acto, al reorganizar y profanar el espacio conyugal de su padre, resultó en la pérdida de la primogenitura, la cual fue repartida entre tres de sus hermanos:
Primogenitura (Doble Porción): Otorgada a Ioséf (cf. 1 Cr 5:1; Gn 48:5; Dt 21:17).
Oficio Majestuoso/Realeza: Otorgado a Iehudá (Gn 49:8–10; 1 Cr 5:2).
Oficio de Kohen (Sacerdote): Otorgado a Leví (Ex 32:29; Nm 3:12–13; Nm 8:14–19; Dt 10:8).
Por lo tanto, al haber recibido la porción de la primogenitura, Ioséf es considerado, de facto, el heredero principal de Iaacov en términos de linaje y bendición material, lo que justifica por qué el texto lo nombra como el primero en sus “generaciones”.
B. El Amado de Iaacov
Desde una perspectiva legal y emocional, Ioséf es considerado el verdadero primogénito de la intención de Iaacov. El patriarca trabajó catorce años bajo Lavan con el único propósito de casarse con Rajel. Aunque ella fue estéril por mucho tiempo, finalmente dio a luz a Ioséf, quien representa el fruto del primer amor de Iaacov. Ioséf representaba el cumplimiento de un anhelo profundo y un fruto de la vejez de Iaacov. Por esta razón, Ioséf podría considerarse como el primogénito de Iaacov en términos de afecto, propósito y legado espiritual.
II. El Paralelismo con Iaacov (Midrash Rabá)
El amor de Iaacov por Ioséf se explica también por la profunda similitud en sus vidas, tal como lo registra el Midrash Rabá. Iaacov se identificaba con Ioséf porque, sorprendentemente, “todo lo que le sucedió a Iaacov, le sucedió también a Ioséf”.
Sucesos Compartidos
Estas 22 correspondencias místicas y biográficas, señaladas por el Midrash Rabá y el Zóhar, refuerzan el lazo especial entre padre e hijo.
III. Ioséf: Prefiguración del Mashíaj (Mesías)
Además de ser el amado hijo de su padre y el poseedor de la primogenitura, Ioséf emerge como una de las más sobresalientes figuras que prefiguran la venida del Mashíaj (Mesías). Los paralelos entre Ioséf y Yeshúa son notables, especialmente en la experiencia de sufrir rechazo, ser traicionado, y luego ser exaltado para salvar a su pueblo.
El énfasis en Ioséf al inicio del pasaje no solo destaca en su papel como el nuevo primogénito, sino que también establece el marco para una de las historias más ricas y proféticas de la Torá. La Torá coloca a Ioséf al frente de las “generaciones de Iaacov” porque en él convergen la primogenitura, el amor especial de su padre y una vida que refleja la historia misma de Iaacov. La tradición rabínica confirma que sus experiencias no solo repiten el camino de su padre, sino que anticipan el modelo del justo rechazado y luego exaltado. Por eso, Ioséf se convierte en una de las figuras mesiánicas más claras: amado, enviado, traicionado, humillado y finalmente levantado para traer vida a Israel. Su historia prepara el entendimiento del Mesías que habría de venir.
El destino de Ioséf prepara al lector para comprender que la redención puede comenzar con rechazo; que la exaltación del justo pasaría por la humillación; y que el propósito divino avanzaría incluso a través de la traición de los hermanos. La historia de Ioséf, en toda la profundidad que revela la propia trama de la profecía, conduce la mirada hacia Yeshúa como la consumación perfecta del hijo amado, el siervo sufriente y el salvador de Israel.





