Parashát Vaishláj: Qué Bendición Robó Realmente Iaacov/Jacob de Esav?
La Diferencia entre Brajá y Bejirá
La inminencia del reencuentro entre Iaacov (Jacob) y su hermano, Esav (Esaú, también identificado como Edóm), está marcada por la intensa hostilidad de este último, quien se dirige al encuentro con el expreso y profundo deseo de asesinar a su hermano. La raíz de esta ira reside en la convicción de Esav de que Iaacov lo había despojado de la bendición que le correspondía como primogénito. Para comprender la dimensión de este conflicto, es indispensable distinguir las dos bendiciones fundamentales registradas en la Torá.
En primer lugar, la Bejirá (בְּכֹרָה; Primogenitura) es la bendición de naturaleza esencialmente espiritual, que confiere el derecho de cabeza de familia y el privilegio de continuar la alianza trascendental de Avraham (Abraham). En segundo lugar, la Brajá (בְּרָכָה; Bendición) es de carácter material y terrenal, asociada al bienestar, la riqueza y la prosperidad. El relato de la Torá establece que, con anterioridad a estos sucesos, Esav había vendido la Bejirá a Iaacov, menoscabando el valor de su herencia espiritual.
Años después, Itzjaq (Isaac), el padre de ambos, llamó a Esav con la intención de conferirle una bendición. A pesar de la ceguera física que padecía, Itzjaq era consciente de la venta previa, sabiendo que la Bejirá ya no pertenecía legítimamente a Esav. Iaacov, no obstante, quizás motivado por la prevención de que Itzjaq concediera la Bejirá de la primogenitura a Esav, se apresuró. Adoptando la vestimenta y la apariencia velluda de su hermano, utilizó la ceguera de su padre para engañarlo. Mediante esta acción, Iaacov aseguró la recepción de la Brajá (la bendición material) que Itzjaq creía otorgar a Esav, consolidando así la posesión de ambas: la Bejirá por compra y la Brajá por estratagema.
Finalmente, es importante clarificar la naturaleza exacta de la bendición obtenida. La bendición que Itzjaq impartió a Iaacov bajo engaño no fue la Bejirá —la bendición de Elohím legada a Avraham— sino la Brajá, la bendición de índole terrenal que Itzjaq originalmente había reservado para Esav. Por lo tanto, la bendición que Iaacov consiguió en aquel momento, al suplantar a su hermano, fue específicamente la bendición material que estaba destinada a Esav, como puede identificarse:
Que Elohím te dé el rocío del cielo y la fertilidad de la tierra, y abundancia de trigos y mostos. Que te sirvan los pueblos y las naciones se inclinen ante ti. Sé señor de tus hermanos, que los hijos de tu madre se inclinen ante ti. Sea maldito quien te maldiga, y bendito quien te bendiga. (Gn 27:28-29)
La bendición que Itzjaq (Isaac) confiere aquí a Iaacov (Jacob) —aquella vinculada a la riqueza y el poder mundano— corresponde a la Brajá (la bendición material). Sin embargo, la bendición de la primogenitura, la Bejirá (la bendición de la alianza), le fue otorgada a Iaacov en un momento posterior y con un significado trascendentalmente diferente, antes de que partiera de Harán.
La Torá registra esta segunda y fundamental bendición en Gn 28:3-4, donde Itzjaq explícitamente invoca:
“Que el El Shadái te bendiga, te haga fecundo y te multiplique, y que de ti surjan muchas naciones. Que te conceda la bendición de Avraham, a ti y a tu descendencia contigo, para que tomes posesión de la tierra en que ahora resides como extranjero, la cual Elohím dio a Avraham.”
Esta es la auténtica Bejirá, la bendición de la primogenitura. Su naturaleza está intrínsecamente ligada a la alianza que Elohím estableció con Avraham, enfocándose primordialmente en la simiente prometida, en multiplicación de la descendencia y la herencia de la Tierra. A diferencia de la Brajá, esta bendición no se centra en la adquisición de riqueza y poder temporal, los cuales, como se señala Jn 6:19, son bienes de este mundo sujetos a la corrupción y el deterioro. El enfoque de la Bejirá es la promesa y el destino eterno de la descendencia de Iaacov.
El Reencuentro entre los Hermanos
El día del crucial encuentro entre los hermanos Iaacov (Jacob) y Esav (Esaú) presenta una escena desconcertante que, a primera vista, invierte la profecía inicial de la Brajá (bendición) de Iaacov: “Sé señor de tus hermanos, y los hijos de tu madre se inclinen a ti” (Gn 27:29). La Torá relata que Esav corrió y abrazó a Iaacov, pero la respuesta de Iaacov es de profunda sumisión: se postró ante Esav siete veces (plenamente) y se dirigió a él en cuatro ocasiones como “adoní” (mi señor) (Gn 33:8, 13, 14, 15), además de ser llamado “siervo de Esav” dos veces (Gn 33:5, 14). Esta inversión jerárquica, confirmada por las reverencias de sus siervas, hijos, Leá, Iosef (José) y Rajel (Gn 33:6-7), solo puede entenderse al conectarla con la lucha nocturna contra Elohím que Iaacov había experimentado la víspera.
Causalidad Ética: El Engaño de Yaacov y el Ciclo de la Ceguera
Iaacov había, de hecho, robado la Brajá (la bendición de bienestar material) de Esav, aprovechándose de la ceguera física de su padre, Itzjaq. Por orden de Rivká (Rebeca), Iaacov se disfrazó de Esav y, explotando la incapacidad visual de Itzjaq para discernir, se apoderó de la bendición. Al enterarse Esav, su deseo de matar a Iaacov forzó a este último a huir.
La huida de Iaacov lo llevó a la casa de su pariente Laván. Allí, Iaacov se enamoró de Rajel y acordó trabajar siete años por ella. Al término de ese periodo, Iaacov fue víctima de un engaño que reflejó su propio crimen: Laván le entregó a Leá en lugar de Rajel. Según el Séfer Ha-Yashar (cap. 31), Laván apagó las luces durante la noche de bodas, privando a Iaacov de su vista (dejándolo como si fuera ciego) para perpetrar el engaño. Este ciclo de veinte años de servicio (siete por Leá, siete por Rajel y seis por el ganado) sirvió como una lección de causalidad: el engaño que Iaacov perpetró contra Itzjaq —aprovechándose de su ceguera— se replicó en su vida cuando Laván se aprovechó de él privándolo de la vista. El engaño inicial afectó a Elohím (al tratar de engañar a su representante), a Itzjaq (al aprovecharse de su incapacidad) y a Esav (al robar su Brajá). Las experiencias son causales, ofreciendo oportunidades esenciales para el aprendizaje y la rectificación.
La Humildad y la Devolución de la Brajá
Después de su lucha espiritual, Iaacov se encuentra en un estado de profunda humildad y reconocimiento de sus faltas. Esta nueva conciencia le revela el origen de sus angustias y de los daños morales y éticos que ha sufrido, llevándolo a la convicción de que debe devolver a Esav la Brajá que había tomado ilícitamente.
Iaacov ya no busca afirmar la autoridad temporal que obtuvo por el engaño. Él entiende que, si bien la Bejirá (la bendición de Avraham y la primogenitura) le pertenecía legítimamente por haberla comprado a Esav, la Brajá (la bendición de bienestar, riqueza y poder) le correspondía originalmente a su hermano.
En un gesto de rectificación, Iaacov ofrece a Esav un regalo (Minjá) y, ante la negativa inicial de Esav, insiste: “No, por favor. Si realmente me quieres, acepta el regalo que te ofrezco, porque he visto tu rostro, como si hubiera visto el rostro de Elohím, y tú me has acogido. Acepta, pues, la Brajá que te he traído, ya que Elohím me ha favorecido, y tengo de todo” (Gn 33:10-11). Iaacov insiste cinco veces en que acepte su obsequio, para finalmente pedirle que tome la “Brajá” de regreso, reconociendo que le pertenecía. Esav acepta.
Es crucial notar que lo que Iaacov devuelve es la Brajá (poder y riqueza) y no la Bejirá (la primogenitura). Iaacov, el patriarca escogido por Elohím y padre de todo Israel, demuestra ser un hombre de justicia y humildad. Él es uno de los tres patriarcas —que simbolizan, en la tradición, aspectos de la Divinidad— y su acción confirma que la justicia reside en el reconocimiento del error y la rectificación. La teshuvá (arrepentimiento = corrección y transformación) de Iaacov fue un acto de reparación.
El Sol Sale Sobre Iaacov
Cuando Iaacov completa su humillación y rectificación, la narrativa de la Torá dice que “salió el sol sobre Iaacov” (Gn 32:31). ¿Por qué dice que salió sobre Iaacov? ¿Acaso el sol no sale sobre todo el mundo? Esta especificación tiene un significado: al huir de Canaán tras el robo de la Brajá, la Torá relata que “el sol se había ocultado” de él (Gn 28:11), simbolizando el ocultamiento de la luz y la justicia. Ahora, con el arrepentimiento, el reconocimiento de sus faltas y la devolución de lo robado, la luz vuelve a alumbrar sobre él.
Este evento enseña que cuando el ser humano se juzga a sí mismo a la luz del Mashíaj (Mesías), la Torá y el Modelo Perfecto, es capaz de humillarse y rectificar correctamente. De esta manera, Elohím obra justicia en él.



