Preguntas Clásicas
● ¿Por qué Yeshúa camina sobre las aguas?
Más allá de manifestar su autoridad sobre las aguas, Yeshúa revela una realidad mayor: no es simplemente como Moshé —quien fue sacado de las aguas—, sino superior a él, pues camina sobre ellas, lo que alude al Espíritu del Mashíaj sobre las aguas en Gn 1:2. En el contexto de la festividad de Pésaj, este acto no es incidental, sino simbólico. Yeshúa está recreando una imagen redentora, indicando que Él es el Mashíaj esperado y que, en su persona, la verdadera redención de Pésaj está a punto de manifestarse.
● ¿Qué impulsa a Kéfa a solicitar algo tan impensable como abandonar la barca en medio de un mar embravecido? ¿Por qué Yeshúa accede y le permite realizar un acto de fe tan radical? ¿Qué provoca que Kéfa, después de haber comenzado a caminar, termine hundiéndose? ¿Y cómo debemos entender que, según Jn 6:21, en cuanto Yeshúa y Kéfa subieron a la barca, toda la embarcación fue llevada de inmediato a su destino?
La Explicación
Para el pueblo judío que habitaba en la tierra de Israel, el Mashíaj esperado no era simplemente un restaurador que devolvería al reino los días de gloria de David. Era concebido como alguien mayor, una figura destinada a sacudir la tierra entera, el nuevo —o segundo— Moshé.
En el libro de Deuteronomio quedan registradas las palabras de Moshé al pueblo: «Adonái, tu Elohím, levantará para ti, de en medio de tus hermanos, un profeta como yo; a él escucharéis» (Dt 18:15). Esta profecía de uno que vendría en el futuro “como Moshé”, se convirtió en uno de los pilares de la esperanza judía en la venida del Mashíaj. Y aunque el libro de Dt concluye afirmando que «nunca más se levantó en Israel un profeta como Moshé» (Dt 34:10), el pueblo tenía la esperanza en la palabra en la promesa de Dios: ese profeta algún día se manifestaría, y su llegada era anhelada con profundo anhelo.
En el Judaísmo, la expectación mesiánica dio lugar a una rica tradición de creencias y leyendas sobre el nacimiento, la vida, los milagros y las enseñanzas del Mashíaj. Si bien se dedicó un exhaustivo estudio y aplicación de los versículos de la Sagrada Escritura a este tema, todas las tradiciones convergían en una premisa fundamental: los hechos del Mashíaj emularían los de Moshé en todo aspecto concebible. Esta idea se resumía en el conocido axioma rabínico: “El último redentor [el Mesías] será como el primer redentor [Moisés]” (Midrash Kohelet 63.2).
Por consiguiente, al analizar los actos de Yeshúa, es crucial tener en cuenta que la expectativa predominante en el pueblo judío de aquel tiempo era que la vida del Mashíaj emularía la de Moshé.
El episodio de Yeshúa caminando sobre el mar no es principalmente una historia sobre la fe vacilante de Kéfa. Es una representación dramática del Éxodo, ejecutada ante testigos judíos que conocían cada capa del texto sagrado. Para comprenderlo correctamente, es necesario recuperar el horizonte de expectativa del pueblo judío del Segundo Templo: el Mashíaj vendría como un Segundo Moshé. El axioma rabínico lo resume textualmente: “El último redentor será como el primer redentor” (Midrash Kohelet 63.2), fundamentado en la promesa de Dt 18:15 y Dt 34:10.
Mateo construye el relato con paralelismos deliberados. Moshé ora prolongadamente antes del cruce del mar (Éx 14:15; cf. tradición en Mejilta de-Rashbi ad loc.); Yeshúa ora solo en el monte toda la noche (Mt 14:23). Un viento oriental azota durante toda la noche en el Éxodo (Éx 14:21); un viento en contra golpea la barca en Mt 14 (Mt 14:24). La intervención divina ocurre en la vigilia de la mañana en ambos relatos (Éx 14:24; Mt 14:25). El viento cesa en ambos casos (Éx 14:28-29; Mt 14:32). Tras el cruce, Israel cree en Dios y en Moshé (Éx 14:31); tras el episodio del mar, los discípulos proclaman: “Verdaderamente eres el Hijo de Dios” (Mt 14:33). El relato de Juan añade el detalle final: la barca llega instantáneamente a su destino (Jn 6:21), replicando la tradición de la transportación sobrenatural de Israel desde Ramsés antes del Éxodo. Los rabinos, al interpretar el versículo donde Dios dice: “los he levantado a ustedes sobre alas de águilas y los he traído a mí” (Éx 19:4), sostienen una tradición que indica que Dios transportó a los israelitas de manera sobrenatural (Rashí sobre Éxodo 12:37). En un instante, fueron arrebatados desde la ciudad egipcia de Ramsés hasta la zona de Sucot (Éx 12:37, Nm 33:3-5), desde donde iniciaron su viaje a pie por medios naturales, antes de cruzar el Mar Rojo. Ninguno de estos paralelos es ornamental: son el argumento teológico del pasaje. La proximidad de Pésaj (Jn 6:4) los potencia, pues el pasaje del cruce del Mar Rojo se leía litúrgicamente en esa temporada — los discípulos tenían el texto vivo junto con las tradiciones judías en la memoria.
Un detalle exegético importante es que Israel no cruzó el mar por el fondo seco, sino caminando sobre la superficie solidificada de las aguas. Sal 66:6 usa הפך (hafaj, “transformar”) para describir lo ocurrido, fue un cambio ontológico. Éx 15:8 afirma que las profundidades se קפא (kafá, “cuajaron”). La fórmula repetida “en medio del mar” (Éx 14:16, 22, 29; Sal 136:14) indica una superficie sobre el mar, no el fondo rocoso. El famoso comentarista judío Or HaJaim enseñó una explicación del cruce del Mar Rojo. Dijo que para evitar que Israel tuviera que navegar por el camino rocoso del mar, Dios separó las aguas en dos capas. La capa superior la dividió, haciendo de las aguas una pared “solidificada” de cada lado, e hizo que la capa inferior de agua (las profundidades) se solidificara bajo los pies, para que Israel pudiera caminar sobre la superficie de las profundidades, con protección en ambos lados por paredes onduladas y solidificadas. Esta interpretación también explicaría por qué la Escritura con frecuencia se refiere a Israel como caminando “sobre el medio del mar” (Éx 14:16, 14:22, 14:29, 15:19, Nm 33:8, Sal 136:14, Ne 9:11). Se lee en Éxodo 15, durante la Canción que se canta por el pueblo inmediatamente después de la travesía sobre el mar: “Al soplo de tu aliento se amontonaron las aguas; se juntaron las corrientes como en un montón; los abismos se cuajaron en medio del mar” (Éx 15:8). La palabra hebrea “kafá” (קפא), traducida como “cuajar”, significa literalmente “espesar; para ser cuajado; volverse denso”. Textualmente la Torá indica que las aguas profundas se “cuajaron”; se solidificaron. Este detalle abre una nota filológica notable en hebreo: kafá (קפא, “cuajar”) es homófono exacto del nombre arameo Kéfa (קפא, “Piedra”) que Yeshúa daría a Shimón hijo de Yoná. El hombre llamado Piedra caminaría sobre las aguas cuajadas, el nombre es un signo incrustado en la fonología misma.
Cuando los discípulos ven la figura de Yeshúa sobre el agua y gritan “¡Es un fantasma!”, no reaccionan por ingenuidad. La cultura del Segundo Templo asociaba las apariciones nocturnas sobre el agua con espíritus de mal agüero (Strack-B. I, 691; Sab 17:4-14). Detrás de esto opera la tradición del “Príncipe de Egipto”: Éx 14:10 y 14:25 usan el singular hebreo, Israel en realidad no vio al ejército sino a “Egipto”: “los hijos de Israel alzaron sus ojos, y he aquí que Egipto venía tras ellos; por lo que los hijos de Israel temieron en gran manera, y clamaron a Adonái” (Éx 14:10). Literalmente, el texto dice que el pueblo de Israel vio un ente individual llamado “Egipto” que venía detrás de ellos. Más adelante, cuando Dios interviene destruyendo los carros, el texto hebreo vuelve a referirse a un individuo al declarar: “Entonces Egipto dijo: Huiré de delante de Israel, porque Adonái pelea por ellos contra Egipto” (Éx 14:25). Los rabinos, apoyados en Dn 10:13, 20 y 12:1, enseñaban que cada nación posee un representante espiritual, y que Dios arrojó al príncipe de Egipto al mar junto con su ejército, un presagio del juicio final que aparece en Ap 20:10, donde el Satán y sus demonios serán arrojados al lago de fuego.
La respuesta de Yeshúa opera en dos registros simultáneos. En el registro griego: θαρσεῖτε, ἐγώ εἰμι (Mt 14:27) replica exactamente el θάρσει de Moshé al pueblo en LXX Éx 14:13, es una cita estructural, no vendría a ser una coincidencia meramente léxica. En el registro hebreo: el nombre Yeshúa significa “Adonái salva”, y Éx 14:13 convoca al pueblo a “ver la Yeshuat Adonái.” Al decir “Yo soy”, Yeshúa no hace una declaración abstracta de identidad; declara ser la Yeshuat Adonái personificada que Moshé había anunciado. Mt 1:21 lo confirma con un juego de palabras intraducible: “lo llamarás Yeshúa porque él yoshiá a su pueblo”, solo audible en hebreo.
La acción de Kéfa tampoco es impulsividad. Najshón ben Aminadav, príncipe de Judá (Nm 2:3), tatarabuelo de David, en el linaje directo del Mesías (Mt 1:4), y figura a quien la tradición rabínica designa con el título mesiánico “Ben Najshón” (Bamidbar Rabá 13:12), es aquí el personaje clave. Según la tradición judía, Najshón se dio a conocer por primera vez en la orilla del Mar de Juncos/Rojo. Cuando Dios da la orden de entrar al mar, las aguas aún no se habían dividido ni solidificado, esto se puede verificar fácilmente leyendo la narrativa de la Torá (Éx 14:15-16), y toda el pueblo temía de aventurarse. Pero en la tradición judía (Sotá 37a, Midrash Bamidbar Rabá 13.4, 13.7), Najshón, escucha la orden de Dios, e inmediatamente corre hacia adelante y salta al mar. Sin embargo, como el mar todavía estaba en su estado natural, le resultó difícil mantenerse por encima del agua, y los rabinos citan el Salmo 69 como un versículo que cita las palabras de Najshón en ese momento: “¡Sálvame, oh Elohím, porque las aguas han entrado hasta mi alma!” (Sal 69:2). Mientras Najshón clama a Elohím por ayuda y salvación (heb. yeshuá), Moshé recibe la orden de Elohím de “extender su mano sobre el mar” (Éx 14:16), para que Najshón sea rescatado. Kéfa revive exactamente este papel: su pregunta “si eres tú, ordéname ir sobre el agua” es una prueba mesiánica deliberada — ¿ el Segundo Moshé ordena tambíen a su pueblo caminar sobre las aguas como hizo el primero? Yeshúa responde a Kéfa diciendo: “Ven.” Kéfa saltó de la barca y comenzó a caminar, sin darse cuenta de que en ese instante estaba reviviendo el papel de Najshón Ben Aminadav de mil quinientos años atrás. Tal como Najshón se hundió antes de ser rescatado, Kéfa vio la tormenta, se aferró a su valor inicial, pero luego, dominado por el miedo, comenzó a hundirse. En su terror y desesperación, clamó a Yeshúa (el nombre que significa “él es la salvación”) pidiendo auxilio con palabras muy próximas a las atribuidas en la tradición a Najshón ben Aminadav. De inmediato, Yeshúa “extendió su mano” (Mt 14:31) y lo salva, el mismo gesto de Moshé con Najshón. La reprensión “¿por qué dudaste?” no niega el paralelismo; lo confirma. La fe de Kéfa era correcta en su dirección; falló únicamente en su sostenimiento.
Cada elemento del episodio, la hora, el viento, la vigilia, el nombre, el camino sobre las aguas, el gesto de extender la mano, la transportación final, está colocado para producir en el oyente judío una sola conclusión durante esta temporada de Pésaj: “Nunca más se levantó en Israel un profeta como Moshé” (Dt 34:10)… hasta ahora.



