¿Prohibió Pablo cubrirse la cabeza?
Breve explicación de un texto de Pablo comúnmente malinterpretado.
Se recomienda leer 1 Corintios 11:1–16 antes de continuar con el presente comentario.
Por lo general, se enseña que en 1 Corintios 11, Paulos (Pablo) declaró que si un hombre ora, profetiza o se presenta ante el Eterno con la cabeza cubierta—ya sea con un turbante, talit o kipá—deshonra su cabeza, es decir, al Mesías, puesto que el Mesías es la cabeza de todo hombre (1 Cor 11:3).
La cuestión es: ¿realmente enseñó esto Paulos?
En Levítico 10:6 leemos:
“Entonces Moshé dijo a Aarón, y a Eleazar e Itamar, sus hijos: No descubráis vuestras cabezas… para que no muráis…” (Levítico 10:6).
Si en 1 Corintios 11:7 Paulos realmente hubiera enseñado que cubrirse la cabeza al orar, profetizar o presentarse ante el Eterno es vergonzoso y reprobable, entonces Moshé —figura central de la Torá— habría ordenado un acto deshonroso. Esto nos lleva a una disyuntiva: o Paulos y Moshé se contradicen, o hay una mala interpretación en juego. Es evidente que se trata de lo segundo. Pero, ¿quiénes fueron los responsables de esta mala interpretación? Los traductores.
Ninguna traducción bíblica es completamente literal; toda traducción requiere interpretación y paráfrasis para transmitir con precisión el significado del texto original. Una traducción palabra por palabra perdería el sentido original del mensaje. Precisamente por esta razón, los traductores malinterpretaron 1 Corintios 11, llevándolos a traducir el pasaje como si Paulos estuviera refiriéndose a coberturas físicas como turbantes, kipot (plural de kipá) o el talit.
En la Biblia Reina-Valera 1960, 1 Corintios 11:4 dice:
“Todo varón que ora o profetiza con la cabeza cubierta, afrenta su cabeza.” – 1 Corintios 11:4 (Reina-Valera 1960)
Esta traducción da a entender que cualquier hombre que cubra su cabeza al acercarse a la presencia del Eterno deshonra su cabeza, es decir, al Mesías. No obstante, tal interpretación entra en conflicto con la Torá y con el mandato dado por Moshé en Levítico 10:6.
Por otro lado, en la Nueva Versión Internacional, 1 Corintios 11:4 incluye una nota que señala lo siguiente:
“La cabeza cubierta”; alternativa: el cabello largo; también en el resto del pasaje. (Nota al pie; Biblia Nueva Versión Internacional sobre 1 Corintios 11:4)
Esto indica que la expresión griega empleada en el pasaje puede referirse no solo a cubrirse la cabeza con algún objeto, sino también a llevar el cabello largo.
A la luz de esto, 1 Corintios 11:1–16 puede entenderse como una reprensión de Paulos a la comunidad de Corinto por permitir que las mujeres adopten un corte de cabello propio de los hombres con estilo masculino, y que los hombres lo dejen crecer de manera característica de las mujeres, de manera femenina, como si fuera cabello de mujer.
Además, cuando Paulos menciona que una mujer tiene la «cabeza descubierta», esta expresión puede entenderse como una referencia a la ausencia de cabello largo; es decir, que, en lugar de llevar una cabellera propia de la mujer, lo tiene corto, como el de un hombre.
Os alabo, hermanos, porque en todo os acordáis de mí, y retenéis las instrucciones tal como os las entregué. Pero quiero que sepáis que el Mesías es la cabeza de todo varón, y el varón es la cabeza de la mujer, y Dios la cabeza del Mesías. Todo varón que ora o profetiza con el cabello largo, afrenta su cabeza (el Mesías). Y toda mujer que ora o profetiza con la cabeza descubierta (esto significa: cabello corto; como de hombre), afrenta su cabeza (el hombre); porque lo mismo es que si se hubiese rapado. Porque si la mujer no tiene totalmente cubierto (el griego lit. dice “totalmente cubierto”, es decir, pelo largo), que se rape; y si le es vergonzoso a la mujer cortarse el cabello o raparse, que tenga cubierto (que tenga cabello largo). Porque el varón no debe tener cabello largo, pues él es a la Imagen y Gloria de Dios; pero la mujer es a la gloria del varón. Porque el varón no procede de la mujer, sino la mujer del varón, y tampoco el varón fue creado por causa de la mujer, sino la mujer por causa del varón. Por lo cual la mujer debe tener señal de autoridad sobre su cabeza, por causa de los ángeles. Pero en el Señor, ni el varón es sin la mujer, ni la mujer sin el varón; porque, así como la mujer procede del varón, también el varón nace de la mujer; pero todo procede de Dios. Juzgad vosotros mismos: ¿Es propio que la mujer ore a Dios sin tener cubierta la cabeza? (en otras palabras: ¿Es propio que la mujer ore con el cabello corto; como el cabello de un hombre?) La naturaleza misma ¿no os enseña que al varón le es deshonroso dejarse crecer el cabello? Por el contrario, a la mujer dejarse crecer el cabello le es honroso; porque en lugar de manto le es dado el cabello. (1 Corintios 11:1-15)
¿Podría alguien afirmar, a partir de esta correcta traducción, que Paulos enseñó que cubrirse la cabeza delante del Eterno —con talit, kipá o turbante— constituye un pecado? Desde luego que no.
Paulos ni siquiera aborda el uso del talit, la kipá o el turbante; su enseñanza se centra exclusivamente en la distinción entre el cabello del hombre y el de la mujer.
Si al hombre realmente le estuviera prohibido cubrirse la cabeza ante el Eterno, ¿por qué Dios mismo ordenó a los sacerdotes hacerlo? (véase Éx 28:4; 28:37; 29:6; Lv 8:9; Ez 24:16–17; 44:18; Zac 3:1–5; Dn 3:21). Asimismo, ¿por qué el rey David se cubrió la cabeza? (2 Sm 15:30).
Cubrirse la cabeza constituye un acto de santidad y reverencia. Paulos jamás se opuso a esta práctica; su enseñanza se centró en la distinción entre el cabello del hombre (corto) y el de la mujer (largo).
Hegesipo de Jerusalén, considerado el primer historiador judío nazareno, relata el surgimiento de la apostasía. Este historiador y comentarista (c. 180 EC) escribe sobre el período inmediatamente posterior a la muerte de Shimon ben Clopas, quien sucedió a Yaacov HaTzadik (conocido en su forma helenizada como Santiago) como Nasí (presidente) del Sanedrín, y falleció en el año 98 EC.
Hegesipo de Jerusalén señala que quienes iniciaron la apostasía y la rebelión proclamaban la mentira «con la cabeza ya descubierta», lo cual sugiere que los primeros discípulos, que permanecieron fieles a la verdad, llevaban la cabeza cubierta.
“Exponiendo lo sucedido en los tiempos mencionados (98 EC), que tras estos acontecimientos la Comunidad se conservaba, hasta entonces, virgen, pura y sin corrupción, como si hasta entonces los que pretendían corromper las buenas leyes de la predicación del Rendentor, si es que existían, se hallaran escondidos en inciertas tinieblas. Pero cuando el sagrado grupo de los Emisarios (Apóstoles) fue llegando de diversos modos al final de su vida y se extinguió aquella generación de los que fueron tenidos por dignos de escuchar con sus propios oídos la Sabiduría divina, empezó entonces la formación del errar contrario a Dios a través de la estratagema de los falsos maestros, quienes viendo que no quedaba ninguno de los Emisarios (Apóstoles), a partir de entonces, con la cabeza ya descubierta, han pretendido contraponer a la predicación de la verdad la predicación de la falsamente llamada conocimiento.” — Hegesipo el Nazareno de Jerusalén, c. 185 EC, citado por Eusebio en Historia Eclesiástica, Libro 3, capítulo 32, versos 7 y 8.
En el mundo occidental, descubrirse la cabeza se considera un gesto de respeto; de ahí que levantar el sombrero sea visto como una muestra de cortesía y elegancia. En contraste, en la tradición hebrea, cubrirse la cabeza constituye un acto de respeto, reverencia, santidad y dignidad. Esto se refleja en Éxodo 28:36-37, donde la santidad al Eterno se asocia directamente con el turbante que portaba el Sumo Sacerdote.



