Formalmente, la unidad consiste en dos mandatos, uno positivo y otro negativo, seguidos por un proverbio que justifica los mandatos. Primero aparece el mandato negativo: «No os hagáis tesoros en la tierra». Después aparece el mandato positivo: «Haceos tesoros en el cielo». Uno prohíbe una orientación equivocada de la vida; el otro indica la orientación correcta. Luego son seguidos del proverbio: «Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón» (Mt 6,21).
El texto está organizado quiásticamente. Es decir, tiene una estructura cruzada o en espejo. Un quiasmo ordena las ideas de manera que los elementos se corresponden en sentido inverso. Sería algo así:
A. No acumuléis tesoros en la tierra (v. 19a)
B. Allí la polilla y el orín destruyen (v. 19b)
C. Allí los ladrones minan y hurtan (v. 19c)
A. Acumulad tesoros en el cielo (v. 20a)
B. Allí ni la polilla ni el orín destruyen (v. 20b)
C. Allí los ladrones no minan ni hurtan (v. 20c)
Conclusión del quiasmo:
Donde esté vuestro tesoro, allí estará vuestro corazón (v. 21)
Aquello que una persona considera su mayor bien termina gobernando su interior, sus deseos, sus decisiones y su lealtad.
Nota: No deberíamos espiritualizar excesivamente esta enseñanza en un sentido helenístico-platónico, como si se refiriera exclusivamente al otro mundo. No hay que entenderla como si Yeshúa estuviera diciendo que lo material carece de valor y que solo importa una realidad invisible separada de este mundo. Esa sería una lectura demasiado influenciada por una oposición griega entre mundo material y mundo espiritual. Los «tesoros en el cielo» son realidades vividas ya en esta vida, pero cuyo valor permanece ante Elohím y continúan hacia el mundo venidero. Se trata de obras, fidelidad, justicia, misericordia, obediencia, generosidad, reconciliación y estudio de la Torá. Son acciones concretas realizadas en la tierra, pero con valor eterno. Véase la Mishná Pea 1,1: «Son cosas cuyo beneficio se disfruta en este mundo, mientras que las ganancias son acumuladas para el mundo venidero: honrar al padre y a la madre, realizar acciones bondadosas, construir la paz entre un hombre y su compañero, y el estudio de la Torá, conducen a ello». Véase también Eclo 20,30; 41,14.



